Nuestro CEO Diego Mateos Amann fue entrevistado en Negocios TV, donde advirtió sobre el riesgo existencial que corre Europa al haber sustituido la dependencia del gas ruso por una «dependencia obligada» de Estados Unidos, justo cuando Donald Trump utiliza la energía como arma de presión geopolítica.

«Hemos pasado de tener todos los huevos en la cesta de Rusia a tenerlos ahora en la cesta de Estados Unidos, que tampoco parece un socio muy fiable», alertó Mateos al inicio de la entrevista, en un contexto marcado por la cumbre petrolera en la Casa Blanca y las amenazas arancelarias de Trump.

Repsol en la Casa Blanca: recuperar capital, no invertir

La convocatoria de Repsol junto a las grandes petroleras estadounidenses para reconstruir el sector energético venezolano ha generado especulación sobre las intenciones estratégicas de la compañía española. Mateos tiene claro que se trata de un movimiento defensivo, no ofensivo.

El CEO de GESE explicó que lo que está haciendo Trump es básicamente «subastar» oportunidades de inversión en Venezuela, buscando quién puede reconstruir el sector petrolero venezolano a precios más baratos. El objetivo de la administración estadounidense es claro: conseguir petróleo más barato para cumplir su promesa de «Make America Great Again».

Sin embargo, según el análisis de Mateos, Repsol no busca embarcarse en esta reconstrucción masiva, sino recuperar el capital ya invertido en Venezuela, donde la compañía tiene una fuerte exposición. La presencia de Repsol en la reunión responde más a proteger sus intereses existentes que a protagonizar la reconstrucción del sector.

El gas: el verdadero factor de poder geopolítico

Mientras la atención mediática se centra en el petróleo, Mateos advirtió que el gas es el auténtico factor de poder en la geopolítica energética de 2026. Los datos respaldan esta visión: se espera que el consumo mundial de gas siga creciendo hasta 2040, mientras que el petróleo se estabiliza.

El CEO reveló un dato significativo sobre la presión en la industria: los principales fabricantes de turbinas para ciclos combinados no admiten más pedidos hasta 2030 debido a la saturación de demanda. Esta realidad refleja una tendencia global donde los países emergentes están apostando masivamente por el gas como fuente de transición energética.

Mateos subrayó que la neutralidad en carbono está más enfocada en reducir el petróleo que el gas, lo que explica por qué el consumo gasístico seguirá expandiéndose en las próximas décadas. Esta dinámica convierte al gas en un instrumento de presión geopolítica mucho más poderoso que el petróleo.

Europa: de un socio no fiable a otro

El análisis más contundente de Mateos se centró en el error estratégico cometido por Europa al cambiar una dependencia por otra sin diversificar. Según explicó, Europa ha pasado de tener a Rusia como principal suministrador de gas a depender mayoritariamente de Estados Unidos, sin aprender la lección.

La vulnerabilidad europea quedó expuesta con las amenazas de Trump sobre Groenlandia: si Europa tuviera que imponer sanciones a Washington por acciones unilaterales, se vería abocada a un suicidio energético similar al experimentado tras la invasión de Ucrania. El CEO fue gráfico: «En cuanto nos ha amenazado con aranceles, nos hemos bajado los pantalones».

Europa ha firmado acuerdos para los próximos tres años que consolidan a Estados Unidos como principal suministrador energético, precisamente en un momento en que Trump demuestra utilizar la energía como arma de presión directa. Mateos destacó una característica del presidente estadounidense: «Lo malo, o lo bueno, es que este hombre no cambia de opinión, lo que dice lo suele cumplir».

La solución que Europa no aplica: diversificación real

Para Mateos, la respuesta no es sustituir un proveedor por otro, sino diversificar genuinamente las fuentes de suministro. Europa debería estar importando más gas del norte de África, más gas de Noruega, e incluso mantener cierta capacidad de importación desde Rusia, en lugar de legislar para prohibir completamente el gas ruso en el futuro.

El CEO calificó esta estrategia de prohibición total como «pegarnos un tiro en el pie». Estados Unidos debería ser uno más entre varios proveedores, no el proveedor mayoritario, especialmente cuando se ha demostrado que Trump «solo mira por él, no busca un win-win en las relaciones».

Transición energética: Europa contra el mundo

Mateos fue crítico con el enfoque europeo de la transición energética, señalando que Europa es prácticamente la única región del mundo que ha apostado decididamente por ella, y esto está generando un empobrecimiento económico y pérdida de competitividad.

El contraste es evidente: mientras Europa acelera su transición cada vez que surge una crisis energética, el resto del mundo aprovecha los hidrocarburos baratos para mantener su competitividad. Si Venezuela pone más petróleo en el mercado y los precios bajan, la transición se vuelve menos atractiva económicamente fuera de Europa.

El CEO subrayó una realidad incómoda: «Todos los días hablamos del cambio climático en Europa, pero el resto del mundo claramente no lo tiene en sus prioridades». Esta asimetría coloca a la industria europea en desventaja competitiva frente a economías que priorizan costes energéticos bajos sobre objetivos climáticos.

Los errores históricos de España: nuclear e hidráulica

Mateos fue especialmente duro con la gestión energética española, identificando errores que están costando miles de millones a consumidores y empresas. El primero es la demonización ideológica de la energía nuclear en un país que necesita estabilidad de precios.

Los números son reveladores: en 2025, el precio de la electricidad cotizó alrededor de 65€/MWh, y la nuclear aportó el 20% de esa energía. Según los cálculos de Mateos, «si no llega a estar la energía nuclear, podíamos haber estado rondando cerca de los 100€/MWh», lo que habría destruido la competitividad empresarial.

El segundo error es el abandono de la hidráulica, especialmente la hidráulica de bombeo. Mateos destacó que España cuenta con una orografía privilegiada para este tipo de instalaciones, que «son una forma de almacenar energía muy barata, muy segura y muy estable». Sin embargo, estas centrales se han abandonado en favor de tecnologías menos maduras.

El CEO comparó la situación con Alemania, que cerró sus nucleares y después tuvo que reactivar sus centrales de carbón durante la crisis. La diferencia es que «en España somos más brutos: cuando cerramos una central del tipo que sea, la dinamitamos». Esta estrategia impide usar infraestructuras como backup en momentos críticos.

SE: análisis sin ideología en un mundo energético complejo

Desde GESE mantenemos nuestro compromiso con el análisis técnico riguroso, alejado de posicionamientos ideológicos que tanto daño están haciendo a la competitividad europea. Nuestra visión se centra en las realidades del mercado energético global, donde las decisiones geopolíticas de grandes potencias determinan los precios que pagan empresas y familias.

El análisis de Diego Mateos refuerza la necesidad de que Europa desarrolle una estrategia energética basada en diversificación, pragmatismo tecnológico y visión a largo plazo, en lugar de depender de socios que utilizan la energía como instrumento de presión política.

Descarga tu Guía sobre el RD56/2016 y cómo afecta a tu empresa






    ×
    Descarga tu Guía sobre La Ley de Sostenibilidad del País Vasco






      ×