Los mercados energéticos atraviesan un momento de extraordinaria sensibilidad. La incertidumbre geopolítica, especialmente tras la escalada del conflicto con Irán, ha tensionado con fuerza las cotizaciones en el corto plazo y ha obligado a Europa a coordinar medidas sobre precios, almacenamiento y seguridad de suministro.
Sin embargo, este comportamiento no es homogéneo a lo largo de toda la curva temporal. Y ahí es precisamente donde empiezan a aparecer las oportunidades.
Corto plazo tensionado, largo plazo más contenido
Si analizamos la estructura del mercado del gas, observamos una dicotomía clara: mientras el corto plazo sigue reflejando nerviosismo e incertidumbre, los horizontes más largos muestran una mayor contención.
En la referencia pública de OMIP para el mercado español, el gas spot se situaba en 42,02 €/MWh el 13 de abril, el contrato de mayo de 2026 en 43,13 €/MWh y el YR-27 en 34,68 €/MWh. Es decir, el mercado sigue descontando tensión inmediata, pero también una cierta normalización a medida que se alarga el horizonte temporal.
Este desacople no es casual. El mercado está incorporando riesgos inmediatos: conflictos, tensiones logísticas, climatología o almacenamiento, pero sigue confiando en que, a medio plazo, la oferta pueda estabilizarse gracias a nuevas infraestructuras, diversificación de fuentes y ajustes en la demanda. Ese es también el mensaje de la Comisión Europea, que insiste en preparar el próximo invierno y coordinar la reposición de almacenamiento para evitar nuevas tensiones.
Desde un punto de vista estratégico, esto abre una ventana clara: la posibilidad de asegurar parte del consumo futuro a precios competitivos frente a los niveles que hoy domina el corto plazo.
Electricidad: una estructura que también deja margen de oportunidad
En el mercado eléctrico encontramos un patrón parecido, aunque con sus propios matices.
Según el informe anual de OMIE, el precio medio aritmético del mercado diario en España fue de 63,03 €/MWh en 2024. Frente a ese nivel, los futuros base españoles cotizaban el 10 de abril en 56,10 €/MWh para 2027 y 54,70 €/MWh para 2028 en OMIP.
La lectura es clara: hoy existe la posibilidad de fijar precios futuros de electricidad por debajo de referencias recientes del mercado diario.
Eso no significa que el mercado no pueda corregir. Significa algo más relevante para una empresa: que todavía hay tramos de curva que permiten construir una estrategia de compra razonable, con visibilidad y sin esperar a que desaparezca una volatilidad que probablemente seguirá acompañando al mercado durante bastante tiempo.
La volatilidad como riesgo… y también como oprtunidad
El principal problema al que se enfrentan hoy las empresas no es solo el nivel del precio, sino su volatilidad.
La capacidad de los mercados para moverse con rapidez ante cualquier evento geopolítico o macroeconómico complica cada vez más la previsión presupuestaria. Esperar a que el mercado “se estabilice” puede parecer prudente, pero en la práctica muchas veces equivale a dejar la decisión en manos del propio mercado.
Por el contrario, una estrategia activa basada en cierres progresivos permite:
- reducir la exposición a picos de mercado
- construir un precio medio competitivo en el tiempo
- ganar visibilidad sobre los costes energéticos futuros
Estrategia recomendada: indexación con cierres parciales
La experiencia demuestra que una de las fórmulas más robustas en entornos volátiles es trabajar con contratos indexados que incorporen la posibilidad de realizar coberturas parciales.
Este enfoque permite combinar tres ventajas clave:
- Mantener flexibilidad, beneficiándose de posibles caídas de mercado
- Asegurar precios en momentos de oportunidad, como los que todavía ofrece el largo plazo
- Diversificar el riesgo, evitando concentrar todas las decisiones en un único momento
En la práctica, se trata de ir cerrando porcentajes del consumo futuro en función de la evolución del mercado, construyendo así una curva de precios optimizada y más estable para la empresa.
El caso del gas: especial atención al largo plazo
En el mercado del gas, esta lógica cobra aún más sentido.
Hoy el corto plazo sigue claramente tensionado, mientras que el primer gran horizonte anual visible en mercado se sitúa por debajo de ese nivel spot. Esa diferencia permite plantear cierres parciales de consumo futuro y empezar a construir una base de coste más competitiva que la que impone la tensión del momento.
Aquí aparece además un factor operativo importante: no todas las comercializadoras ofrecen el mismo acceso a horizontes largos ni la misma flexibilidad para ejecutar coberturas parciales. Por eso, más allá de acertar con el precio, la diferencia muchas veces está en disponer de una estructura contractual adecuada para poder actuar cuando el mercado sí ofrece valor.
Conclusión: una ventana que no estará abierta indefinidamente
El mercado energético actual combina incertidumbre en el corto plazo con oportunidades reales en el largo.
Esta situación no es habitual y, previsiblemente, no será permanente. La propia Comisión Europea reconoce que el impacto energético derivado del conflicto con Irán no será de corta duración, pero precisamente por eso cobra más importancia actuar con criterio allí donde la curva todavía ofrece valor.
Las empresas que adopten una visión estratégica y actúen ahora pueden:
- asegurar precios competitivos para los próximos años
- reducir su exposición a la volatilidad
- mejorar su capacidad de planificación financiera
Desde GESE, trabajamos precisamente en ese enfoque: acompañar a nuestros clientes en la definición de una estrategia de compra estructurada, basada en análisis de mercado y ejecución progresiva.
Porque en mercados como el actual, la diferencia no está en adivinar el precio futuro, sino en construirlo de forma inteligente.
