La guerra ha dejado de ser solo un conflicto geopolítico para convertirse en un factor de presión directa sobre la energía, el comercio y la inflación global. En su intervención en Negocios TV el pasado martes 07/04/2026, Diego Mateos, CEO de GESE, analizó cómo la reducción del tráfico energético en rutas estratégicas está empezando a trasladarse al suministro, a los precios y al crecimiento económico.
Aunque el conflicto comenzó semanas antes, el mercado ha seguido recibiendo cargamentos que ya estaban en tránsito. El problema aparece cuando ese flujo se agota. A medida que los barcos pendientes llegan a destino y dejan de salir nuevos embarques con normalidad, empieza a notarse de forma real la tensión sobre el suministro energético internacional.
Asia está sufriendo antes ese impacto por su cercanía a la zona de conflicto y por la rapidez con la que se acortan sus tiempos logísticos. Europa, aunque algo más tarde, también empieza a entrar en una fase delicada. La consecuencia más inmediata es una mayor presión sobre el precio del petróleo y del gas, con efectos que acaban extendiéndose al conjunto de la economía.
Ese encarecimiento energético no afecta solo al consumo directo. También repercute en el transporte, en la actividad industrial, en la logística y en el precio final de bienes y servicios. Cuando sube la energía, sube el coste de producir, de mover mercancías y de mantener operativas muchas actividades económicas. Por eso, la inflación vuelve a ganar fuerza en un contexto en el que además el crecimiento económico empieza a deteriorarse.
Europa llega además a esta nueva tensión con una situación compleja en materia de gas. Diego Mateos recordó que las reservas europeas se encuentran en niveles bajos en comparación con otros momentos críticos recientes. España parte de una posición algo mejor, con un nivel de reservas superior al de otros países como Alemania, pero sigue expuesta a un mercado global en el que cualquier ruptura del suministro o cualquier escalada de precios termina impactando también en nuestro país.
El encarecimiento de la energía también golpea de lleno a sectores básicos como la alimentación. La agricultura depende del gasóleo, del transporte y de múltiples consumos energéticos para mantener su actividad. Si la energía sube, también lo hacen los costes agrarios, logísticos y de distribución. Esa presión se traslada después al consumidor y reduce al mismo tiempo la capacidad de crecimiento de muchas empresas.
El escenario que se dibuja es especialmente exigente: inflación alta y crecimiento débil o incluso negativo. Es decir, un riesgo claro de estanflación, uno de los entornos más difíciles para empresas y consumidores.
Ante este contexto, anticiparse deja de ser una opción secundaria. Revisar consumos, detectar ineficiencias, optimizar contratos y reducir exposición a la volatilidad energética se vuelve clave para proteger márgenes y ganar capacidad de respuesta.
En GESE ayudamos a las empresas a avanzar en esa dirección mediante auditorías energéticas, optimización de costes y estrategias orientadas a mejorar la eficiencia en escenarios de incertidumbre.
A continuación, puedes ver la intervención completa de Diego Mateos en Negocios TV.
