Los mercados de predicción envían señales de alerta: los operadores estiman una probabilidad del 66 % de que el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz no vuelva a la normalidad hasta 2027.
Ante la creciente incertidumbre, el CEO de GESE y experto en mercados energéticos Diego Mateos ofreció en Negocios TV su análisis sobre cómo el conflicto en Oriente Medio está afectando al mercado petrolero y qué escenarios podrían abrirse en los próximos meses.
Riesgo en el estrecho de Ormuz
Según Diego Mateos, el petróleo ha llegado a registrar subidas de hasta un 5 % como consecuencia directa de los ataques entre Irán e Israel. Aunque en un momento dado pareció viable un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, el conflicto continúa extendiéndose y las expectativas de una resolución a corto plazo van desapareciendo.
Mateos sostiene que el verdadero riesgo está siendo subestimado por el mercado. La razón es que el uso intensivo de reservas estratégicas por parte de las grandes potencias, principalmente China y Estados Unidos, está enmascarando la falta real de oferta. Mientras esas reservas aguanten, los precios del barril no reflejan la tensión estructural que existe en el suministro. «Hemos infravalorado el riesgo por la guerra», afirma.
El mercado esperaba una normalización del tráfico marítimo
JP Morgan ha advertido de una posible crisis petrolera si el estrecho de Ormuz permanece cerrado más allá de junio. Mateos comparte esta preocupación y señala que, a diferencia del tráfico aéreo, la logística marítima es considerablemente más lenta, lo que limita la capacidad de respuesta ante interrupciones prolongadas.
En su análisis, Mateos distingue entre las reservas disponibles y las denominadas reservas operativas: estas últimas son las mínimas necesarias para el funcionamiento del sistema, es decir, para mantener la presión en los oleoductos, garantizar los niveles mínimos en los tanques, alimentar refinerías y sostener terminales. En la práctica, las reservas existen pero no son accesibles.
A partir de ahí, prevé que los precios del barril comenzarán a subir con fuerza, provocando una destrucción de demanda debido al encarecimiento del crudo.
El cierre de Ormuz podría provocar una segunda ola de inflación
Para Mateos, el aumento del precio del petróleo se trasladaría de forma directa a toda la cadena de transporte y, por extensión, a la cadena de valor de prácticamente todos los productos.
El resultado no sería una inflación derivada del crecimiento o del alto consumo, sino una estanflación provocada por una falta de oferta de energía, un escenario que considera el más difícil de combatir desde el punto de vista económico, precisamente porque carece de soluciones claras.
¿Se espera algún acuerdo para Ormuz?
Mateos observa que los tres actores principales, Estados Unidos, Irán e Israel, aún no han alcanzado acuerdos concretos. Mientras tanto, la diplomacia avanza en la dirección correcta, aunque a un ritmo inferior al que el mercado necesita.
A esto se añade otra variable crítica: si el conflicto escala hasta el punto de destruir infraestructuras petrolíferas, la recuperación podría tardar hasta tres años, agravando significativamente el escenario actual.
En el caso de una resolución rápida del conflicto, Mateos anticipa bajadas generalizadas en los costes energéticos, aunque advierte que los precios probablemente se estabilizarían en un punto intermedio entre los niveles actuales y los previos al conflicto. Una mejora, en definitiva, pero insuficiente para despejar completamente la presión inflacionista.

